lunes, 10 de julio de 2017

El día había comenzado como cualquier otro, y nada indicaba que sería especial.

Sin embargo, allí estaba. Me miraba con sus ojos oscuros, los mismos que desde el primer día me penetraban hasta el alma; que me hablaban sin necesidad de palabras. Algo tenía que era distinto, tal vez su expresión era diferente. Entonces vi como su boca empezaba a moverse, sus labios se unieron presionándose levemente. Y escuché su voz pronunciándose, haciendo que mi pecho implosionara. Quise pero no pude evitar que las lágrimas rodaran por mi rostro.

Un instante donde una palabra hizo que todas las piezas encajaran. Todo cobraba significado. Lo pasado, lo vivido hasta ahí. Ahora, visto desde ese otro lado, me hacía comprender tantas cosas. Esos “yo nunca...” que de repente me resultaban tan burlones, como si la vida misma me hiciera un guiño. Y sonreí.

Esas dos simples letras. Esas dos sílabas, que encerraban el más puro de los sentimientos. Esa única palabra que significaba todo... la vida misma dicha simplemente...

...mamá.

...para mi Mamá en su 66° cumpleaños.


 (Este relato pertenece a los "52 retos de 'El libro del Escritor'".
Es el número 6Describe una escena de un relato pensando en una fecha significativa para ti
y traslada esas emociones a tus personajes.)